Ramos Mexía, Bailey Willis y el sueño que no fue

Escribe: Eduardo A. Volonté.-

En aquellos días despreocupados del Centenario, cuando parecíamos ser “un país condenado al éxito” –como dijera un presidente muchas décadas después- y las miradas estaban puestas más hacia el puerto que al interior del país, hubo un ministro de Obras Públicas, Ezequiel Ramos Mexía, que puso sus ojos y esfuerzos en algo que solo parecía una quimera: desarrollar la Patagonia.

A su impulso se sancionó en 1908 la Ley 5.559 de Fomento de los Territorios Nacionales, que autorizada al gobierno a estudiar, construir y explotar un ferrocarril desde puerto San Antonio Oeste al lago Nahuel Huapi; y desde puerto Deseado hasta empalmar con la línea anterior, pasando por la Colonia San Martín, con un ramal a Comodoro Rivadavia, otro ramal al lago Buenos Aires y otro a la Colonia 16 de Octubre.

También autorizaba fomentar servicios de navegación a los puertos del sur, y destinaba recursos para estudios y obras de limpieza y dragado del río Santa Cruz y de la ría del Chubut, obras de regularización del régimen de las aguas del río Negro, para evitar las inundaciones, mejorar las condiciones de navegabilidad y obras de riego, estudios del río Colorado, sus afluentes y lagos, estudios para embalases para regadíos y navegación y de puertos de puertos sobre el Atlántico.

Como bien lo sintetizara Arturo Frondizi en un libro publicado en los ´80, “Breve historia de un yanqui que proyectó industrializar la Patagonia (1911-14)”: “…En el pensamiento de Ramos Mexía la modernización de la Patagonia incluía, en resumen, ferrocarriles estatales de fomento, agua potable, diques y usinas hidroeléctricas, caminos viables para intercomunicar el sur chileno con el sur argentino, fundación de industrias patagónicas, siembra de trigo para disminuir la dependencia alimenticia del Sur con respecto a las provincias del norte, y grandes planes de colonización para arraigar población campesina en el desierto”.

Una buena yunta

La celebración en 1910 en Buenos Aires del Congreso Científico Internacional fue el marco donde Ramos Mexía conociera a Bailey Willis, ingeniero de Minas y doctor en Geología e Ingeniería Civil por la Universidad de Columbia de Nueva York.

Willis, nacido en 1857, era un hombre de ciencia pero también de acción, con trabajos previos realizados en China, japón, África, India y el Oeste norteamericano entre otros destinos.

La propuesta de Ramos Mexía lo atrajo de inmediato y así se conformó en 1911 en la órbita de la Dirección de Ferrocarriles, la Comisión de Estudios Hidrológicos al mando de Willis e integrada por científicos norteamericanos y el ingeniero argentino Emilio Frey.

Realizó sus estudios iniciales entre marzo y septiembre de 1911 en el área de Valcheta, en Río Negro en busca de agua. El segundo paso fue el estudio del trazado del ferrocarril hacia Nahuel Huapi y el paso cordillerano hacía Valdivia en Chile.

Al cumplirse un año de la formación de la Comisión, Willis informaba que explorada la Cordillera “se ha demostrado la posibilidad de extender el ferrocarril dentro de los Andes a la Colonia 16 de Octubre en el Sur, a Junín de los Andes al Norte, y hasta Valdivia, sobre el Pacífico, en Chile”.

En junio de 1912, desactivada transitoriamente la comisión, Willis volvió a los EEUU, para regresar a la Patagonia en enero de 1913 a proseguir el relevamiento de la región y preparar su informe.

Vuelto nuevamente a su país a coordinar la edición de su informe “El norte de la Patagonia”, al regresar a la Argentina se encontró con la renuncia de Ramos Mexía, y si bien le fuera renovado su contrato hasta junio de 1914, nada fue igual, al punto que en enero de 1915, mientras preparaba el segundo tomo del informe le fue informada su cesantía, quedando trunca así la edición del mismo.

Una ciudad industrial 

La visión estratégica de Willis imaginaba también la creación de una “Provincia Cordillerana” cuya ciudad capital –de corte industrial- denominada Nahuel Huapi, albergaría unos 40 mil habitantes y se ubicaría en un valle ubicado al nordeste del lago Nahuel Huapi, dentro del actual departamento Los Lagos, en Neuquén, a unos 20 km de la ciudad de Bariloche.

El trazado imaginaba dos ejes centrales, diagonales, y una zonificación con áreas industrial, residencial, comercial, barrio obrero, zona militar, ferroviaria, sector de deportes, e incluso una Universidad.

El trabajo de la Comisión no pudo sustraerse a los avatares políticos, y así como no le fue fácil a Willis y su gente doblegar a la naturaleza, menos aún lo fue enfrentar a los grandes intereses británicos y a la burocracia.

Ingleses y burócratas 

A los embates sufridos por Ramos Mexía, que le costaran al final su cargo y con ello sellaran la muerte del proyecto, el propio Willis relató en su libro que fue designado Ministro de Obras públicas Manuel Moyano, ex director de la compañía británica Ferrocarril Sud, y que al entrevistarse con el gerente general de la compañía, el inglés le expresó claramente: “Sin dudas su trabajo es muy valioso. Pero entenderá que no forma parte de los intereses del Ferrocarril Sud que se expandan los trenes nacionales”. Más claro imposible.

Otro ejemplo -casi risueño- de los embates burocráticos es lo ocurrido con la retención de pagos por gastos de la comisión por 17.000 pesos, y que le fuera devuelta a Valcheta por un faltante de 5 centavos.

Según lo relata el mismo Willis, “la envié de nuevo a Buenos Aires con una estampilla de ese valor, pero me la volvieron a mandar con la explicación de que la suma debía ser pagada en efectivo”. Como la ley prohibía el envío de dinero en efectivo, ofreció mandar un cheque, pero también esto le fue negado. Tuvo que reunirse con Ramos Mexía y recién lograr abonar para que se liberen los fondos.

Como fruto de su trabajo Willis produjo un extenso y minucioso informe publicado en 1914 y titulado “El norte de la Patagonia. Naturaleza y riquezas. Tomo I”. Una segunda memoria, “Historia de la Comisión de Estudios Hidrológicos” fue publicado en 1943 por la Dirección Gral. De Parques Nacionales y Turismo.

Años después de su aventura patagónica, Willis en 1947 volcó todas su andanzas en un magnífico libro titulado “Un yanqui en la Patagonia”, que recién en 2001 fuera traducido y editado en el país.

Allí a la vez de recordar sus idas y venidas patagónicas entre 1911 y 1915, aporta descripciones de la región y su gente, demostrando ser un agudo observador. La lectura de esta apasionante crónica puede ser complementada con el ameno libro de Jorge Ardüser “Un suizo en la Patagonia”, quien trabajara en la comisión al mando de Willis.

A más de un siglo de aquella visionaria propuesta de Ramos Mexía y Willis, la Patagonia sigue –a pesar de los avances- siendo una parte de nuestro territorio que aún demanda u

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