Juan Bautista Cabral: El soldado que nació en Saladas y murió en San Lorenzo

Escribe: Abel G. Bruno

Juan Bautista Cabral, había nacido en Saladas, Corrientes, el 24 de Junio de 1789. Era un desconocido correntino, hijo de Carmen Robledo, de condición esclava. Su padre fue Francisco Cabral, un aborigen del lugar, peón de la estancia de Tomaza Casajus y Casajus, quien luego se casó con Luis Cabral.
Para el año 1807, cuando las invasiones inglesas, Juan Bautista se encontraba en Buenos Aires. Le escribe a don Luis Cabral, con fecha 19 de agosto de 1807, comentándole que se había salvado milagrosamente de ser degollado por los ingleses, junto a su hermano Gregorio. Le expresa que el clima no le sienta bien y que está enfermo de cólico, quejándose de los pocos cuidados que le presta su amo, el señor Riera.
Regresó a Corrientes, y permaneció en Saladas hasta el año 1812. El 3 de noviembre de ese año y cuando contaba con 23 años de edad, integrando un contingente reclutado por el gobernador de Corrientes, Toribio de Luzuriaga, se embarca en la goleta «Pura y Limpia Concepción» del patrón Pastor Pérez. Setenta y dos correntinos se embarcan hacia el puerto de Santa Fe. Estaban comandados por el Teniente Juan Bautista Parret y Figueroa, y emplearon cuatro días de viaje.
Desde Santa Fe, continuaron su itinerario a caballo hasta Buenos Aires, donde llegaron cincuenta hombres al cuartel de Retiro, el 19 de noviembre. En esa fecha, Juan Bautista Cabral, se incorpora al Regimiento de Granaderos a Caballo sometiéndose a instrucción militar. Integrando la segunda compañía al mando del coronel José de San Martín, partió en los primeros días de Enero rumbo a San Lorenzo.
La vida del Coronel estaba primero…
En el combate llevado a cabo el 3 de febrero de 1813, en las cercanías del convento de San Lorenzo, la división que integró Cabral, realizó el choque frontal con el enemigo y allí demostró su valentía y arrojo. Mató con un certero tiro de carabina a un enemigo que se disponía a disparar su fusil sobre el pecho del Coronel caído y aprisionado por el caballo muerto. Acto seguido desmontó, ató las riendas del caballo muerto a la cincha del propio y así con fuerza, celeridad y astucia logró librar al Coronel San Martín, de su posición muy comprometida. Todo esto lo realizó ya herido de bala. Desmontado, realizó su gesto de lealtad a su jefe cuando es alcanzado por dos bayonetazos mortales que no impidieron que caído y sangrante, dijera a sus compañeros que intentaban socorrerlo: «Dejemén, compañeros. ¡Que importa la vida de Cabral!. Vayan ustedes a pelear que somos pocos”.
Escribió San Martín…
El Coronel José de San Martín, escribirá más tarde: «Herido mortalmente en el campo de batalla, no se le oyeron otros ayes que: «Viva la Patria, muero contento, hemos batido al enemigo», palabras dichas en guaraní, y que el jefe de Granaderos tradujo al español. Efectivamente, dos horas después del combate, aproximadamente a la hora 10, murió pronunciando esas palabras. Su trágico fin se produjo en el refectorio del convento donde se habían concentrado a los heridos para su asistencia.
Sobre las palabras de Juan Bautista Cabral, escribió Bartolomé Mitre: «surgen de los documentos y del relato que de ellos le hiciera el presbítero Julián Navarro en Chile, quien fue testigo presencial de los hechos, pues actuó en el campo de batalla alentando a nuestras tropas».
Juan Bautista Cabral era un Granadero sin rango. La posteridad lo ha ascendido a Sargento en un acto justiciero y espontáneo. Fue inhumado con sus otros trece compañeros de gloria, junto al muro sur del cementerio del Convento.
Controversia
Inicialmente, su color de piel no estaba del todo claro. Una multitud de historiadores y de la población argentina lo dio por blanco en un inicio. Se le ha representado de esta forma en múltiples ocasiones, e incluso los que lo representaban de piel negra, no lo hacían con sus rasgos africanos típicos, si no de tez morena y con rasgos guaraníes. Incluso hoy en día, una buena parte del público permanece escéptica a pensar que fuera negro, e incluso se rechaza la idea de que era esclavo.
Legado y homenajes
La historia lo ha convertido en un héroe nacional, y existen numerosos monumentos erigidos en su honor: figura prominente en el texto de la Marcha San Lorenzo, obra de Carlos Javier Benielli y Cayetano Alberto Silva, que expresa: «Cabral Soldado Heroico, cubriéndose de gloria, cual precio a la victoria, su vida rinde, haciéndose inmortal. Y allí salvó su arrojo, la libertad naciente de medio continente, honor, honor al Gran Cabral». Notesé que el poeta mendocino, al anotar el grado del correntino pone genéricamente Soldado, evitando caer en el tema de la Sargentía Discutida de la que tanto han hablado Pedro Pablo Hass, en su libro «Cabral Sargento Epónimo», editado en el año 2004 como «Cabral Soldado Heroico». El Profesor Horacio Fórmica, en sus Trabajos del Congreso Sanmartiniano del Regimiento de Granaderos, en el año 2013, tambien lo considera «soldado». También se encuentran homenajes en un tango de Manuel Campoamor, «Sargento Cabral», que recuerda la hazaña. También sucede con un Chamamé, típica música correntina que lo homenajea. En su honor, la Escuela de Suboficiales del Ejército, con asiento en Campo de Mayo, lleva su nombre.
Un último detalle: cuando las tropas alemanas desfilaron victoriosas por los Campos Elysseos, después de la conquista de Francia y durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), lo hicieron con la «Marcha de San Lorenzo».
(Ultimo capítulo)

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