Bienvenido juego ciencia

Días pasados me enteré que en la Biblioteca Pública Municipal y Popular Manuel Vilardaga se habían iniciado clases de ajedrez para todo aquel que desee aprender este magnífico juego ciencia, lo que me llenó de satisfacción.
El ajedrez, como se sabe, es un juego entre dos personas, las cuales disponen de 16 piezas móviles colocadas sobre un tablero dividido en 64 casillas, situadas en 8 filas y 8 columnas.
Está considerado por el Comité Olímpico Internacional como un deporte, aunque en otros estamentos es considerado como un Juego Ciencia.
Posiblemente surgió en la India, alrededor del siglo VI desde donde se expandió a Europa durante el imperio bizantino y la invasión árabe.
El ajedrez no es un juego de azar, sino un juego racional y de estrategia. El desarrollo es muy complejo y tiene infinidad de variantes y combinaciones.
Cuenta una leyenda que un jefe indo, muy apenado por perder a un hijo en la guerra recibió la propuesta de un sabio braman (como se los designaba en la India) de enseñarle un juego parecido a lo que sucedía en una batalla. Se perdían soldados ( piezas ) y se ganaban o se perdía también posiciones.
El Jefe indo, amante de los planes de guerra, aprendió rápidamente el juego y comprendió la importancia de sacrificar una pieza, si con ello se ganaba la batalla.
Este Jefe o Rey, le dijo al sabio braman que pidiera una recompensa a lo que éste le manifiesta que es muy modesto y que solo desea que le dé un grano de trigo en la primera casilla, dos en la segunda, cuatro en la tercera y así siguiendo, es decir que la cantidad de granos de una casilla sea el doble de la anterior. El señor quedó muy satisfecho por la humildad del servidor sin reparar en cuál sería la cantidad final de granos.
Lo solicitado por el braman es una serie geométrica exponencial, cuyo número final es:
18.446.744.073.709.551.615 (Dieciocho trillones, cuatrocientos cuarenta y seis mil setecientos cuarenta y cuatro billones, setenta y tres mil setecientos nueve millones, quinientos cincuenta y un mil seiscientos quince) granos de trigo. Un poco mucho ¿no?.
En una nota aparecida en una prestigiosa revista se narra lo acontecido en una escuela de la ciudad de Nueva York, barrio de Harlem, a la que concurrían mayoritariamente adolescentes extranjeros.
El profesor de inglés no podía conseguir atraer la atención del alumnado, muchos de los cuales eran jóvenes problemáticos, responsables de vandalismo, hurtos menores y con ausentismo crónico a clase.
Un día se le ocurre llevar un juego de ajedrez. El alumno considerado como el “jefe” del grupo le preguntó qué era eso, y fue el primer destello de interés que mostraron algunos.
El profesor abrió el tablero, posicionó las piezas y les explicó que el ajedrez era un juego de guerras, una contienda entre dos personas como el boxeo o la lucha.
Al notar un inicio de expectativas, los invitó a que quien quisiera fuera en horas de la tarde a la escuela, que les enseñaría el juego.
Comenzó explicándoles la importancia estratégica de controlar el centro del tablero, y que si se cometen errores en el juego se deben asumir las consecuencias.
La concurrencia fue creciendo, al igual que la atención que ponían los estudiantes en las clases de estudio.
Quisieron aprender más sobre el juego, pero los libros disponibles estaban en inglés, por lo que uno de ellos afirmó “Si lo que necesitamos saber está en inglés, estudiaremos y leeremos en inglés”.
La narración sigue y estos muchachos empezaron a intervenir en juegos entre escuelas, y encuentros locales, progresando sostenidamente y por iniciativa del profesor y después de arduas tareas para recolectar fondos, ¡ llegaron a jugar en Rusia, cuna de los más famosos campeones mundiales de ajedrez!. ( En Rusia se comienza a enseñarse el ajedrez a los cinco años de edad).
Al cabo de un tiempo, el profesor es citado a la dirección de la escuela y llegó pensando que problema habría con lo que ya era el equipo de ajedrez.
Grande fue su sorpresa cuando uno de sus alumnos le hace entrega de una placa en la que expresan su reconocimiento.
Aprendieron que las acciones tienen consecuencias, tanto en el ajedrez como en la vida y de la importancia de controlar el centro, que en realidad, el centro de la vida es uno mismo.
Jorge

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