Escribe: Eduardo A. Volonté.-
Cada día tiene su propia historia, sus hechos que lo distinguen del resto.
Ese conjunto de acontecimientos de trascendencia acaecidos en una misma fecha, pero en años diferentes, se denominan efemérides.
Nuestra convecina Diana Montanari es una referencia destacada a nivel nacional en este tema de recopilar los hechos y personajes de cada día, y a partir de ello, reconocida proveedora de esos datos a importantes programas periodísticas.
El 22 de junio no escapa a esa circunstancia de acumular a lo largo de los siglos, diferentes hechos que han perdurado al paso del tiempo.
También esta fecha -como cualquier otra- acumula un sin número de nacimientos y fallecimientos ilustres de hombres y mujeres de las más diversos orígenes y actividades.
Algunos hechos por su magnitud alcanzan niveles universales, en otros en cambio, su recordación se circunscribe al ámbito local donde se han producido.
Esta última circunstancia no le resta valor a la recordación, sino que le da a la misma un contenido adicional ya que la cercanía hace que la misma sea más sentida por esa comunidad, que reafirme los lazos que unen a sus integrantes.
BARRILETE CÓSMICO

Entre los tantos hechos que ocurrieran un 22 de junio, hay uno que encierra un valor especial, no solo para los aficionados al fútbol, sino para todos los argentinos.
El 22 de junio de 1986 en el mediodía de México, en el estadio Azteca se enfrentaron en cuartos de final por la Copa del Mundo las selecciones de Argentina y de Inglaterra. Al ya de por sí trascendente evento deportivo se le sumaba el condimento de las heridas aún abiertas de la guerra por Malvinas.
Bastaron tres minutos para que ese partido pase a la historia de los mundiales.
A los 51´ Diego Armando Maradona anotó el primer tanto en una definición que el ingenio popular definiera como “la mano de Dios”, en realidad fue el puño izquierdo del Diego el que logró ese gol ilegítimo pero que el árbitro dio como válido.
Con la polémica aún flotando en el ambiente, a los 54´ del partido, cuando el reloj en México marca las trece horas, doce minutos y veinte segundos -como lo recuerda el genial Hernán Casciari en su relato “10.6 segundos”- el mismo Maradona en el sin duda mejor gol de la historia de los mundiales, en una jugada iniciada en su propio campo, luego de eludir a seis rivales ponía el 2 a 0 a favor de Argentina.
El resto de la historia es conocida.
POR ACÁ
120 años antes de aquella corrida inolvidable, también un 22 de junio, se comenzaba a escribir gran parte de nuestra historia local.
El 22 de junio de 1866 el plano que el Agrimensor Ismal Gómez presentara conteniendo la mensura y amojonamiento de los solares que contendría a Ayacucho, era aprobado por el Gobernador Adolfo Alsina, surgía así en la formalidad de los actos administrativos nuestra ciudad.
Ese decisión no surgió en forma espontánea, sino que era la culminación de intensas gestiones en procura de hacer realidad la erección de un centro de población.
El 19 de julio de 1865 se había sancionado la Ley 441, que aprobaba el proyecto de división de la campaña al exterior del río Salado, presentado por el Poder Ejecutivo provincial a cargo de Mariano Saavedra.
De esta manera la campaña quedaba dividida en veintisiete partidos. Entre ellos Ayacucho y Arenales.
El 16 de enero de 1866 mediante Decreto se nombra Juez de Paz del partido de Arenales a José Zoilo Miguens, quedando adscripto al mismo el partido de Ayacucho.
A solo tres días de su designación, Miguens solicita la creación de un centro poblado y la nominación de un agrimensor que realice el correspondiente trazado.
Así es como el 22 de febrero de 1886 el gobierno provincial procede a designar a Isamel Gómez para efectuar la mensura y amojonamiento del área que abarcaría la futura ciudad.
Con la colaboración de la Comisión fundadora presidida por Miguens, el Agrimensor Gómez realizó su tarea tal cual lo informa al Juez de Paz con fecha 27 de marzo.
Finalmente el plano es aprobado por el entonces Gobernador Adolfo Alsina, acompañado con la firma de su ministro de gobierno Nicolás Avellaneda.
Así formalmente comenzaba a gestarse lo que con el tiempo sería la ciudad de Ayacucho.
A 160 años de aquel acto administrativo, este nuevo aniversario es una ocasión propicia para retemplar los ánimos y con el esfuerzo conjunto de todos los ayacuchenses seguir haciendo realidad aquella ciudad que imaginaran sus primeros pobladores.-

