Escribe: Eduardo A. Volonté.-
La reciente misión Artemis II desarrollada por la Nasa y que llevara en un viaje de ida y vuelta con pleno éxito a la nave Orion y sus cuatro tripulantes a orbitar la Luna, ha vuelto a poner los vuelos espaciales en la atención pública.
Desde siempre el ser humano ha dirigido su mirada hacia el espacio, embelesado por el espectáculo que un cielo estrellado ofrece, buscando inspiración, o bien llevado por la curiosidad y el querer saber que hay más allá de lo que la vista alcanza.
Hubo épocas en que para Estados Unidos y La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas [URSS –actual Rusia], las dos grandes potencias protagonistas de la Guerra Fría, el espacio se convirtió casi en una prolongación de la tierra en su disputa por el control del planeta.
Y el primer round de esa pelea se lo adjudicó la URSS el 12 de abril de 1961.
Ese día, el mayor Yuri Gagarin, 27 años, a bordo de la nave Vostok I, se convirtió en el primer ser humano en mirar la tierra desde el espacio.
108 minutos le bastaron para entrar para siempre en la historia de la carrera espacial.
Calzado casi a presión y gracias a su escaso 1,57 de altura en la Vostok I, en una cápsula esférica de poco más de dos metros de diámetro, entró en órbita alrededor de la Tierra a unos 28 mil km/h y a una altura entre los 180 y los 327 km.
EL REGRESO
La llegada de Gagarin a la Tierra estuvo rodeada de hechos casi risueños e improvisados, propios de algo que ocurría por primera vez.
A tal punto que como los riesgos de la misión eran muchos, las autoridades soviéticas, haciendo gala del realismo socialista, confeccionaron previamente tres textos para difundir: uno celebrando el éxito de la misión; otro lamentando la muerte de Gagarin; y otro dirigido a terceros países por si la nave caía en territorio extranjero.
Felizmente, llegó vivo. Aunque ante el temor de que la cápsula se incendiase, activó su asiento eyectable, cayendo en un sembrado ante la mirada atónita de dos campesinas rusas.
Como nadie lo esperaba por allí, su principal preocupación era conseguir un teléfono para comunicar la buena nueva a Moscú. Tarea nada fácil en aquellos años sin celulares y estando la aldea más cercana –Smelovka- a unos seis kilómetros, y Engels, a ciudad más próxima a 20 km.
Finalmente comunicado, prontamente un helicóptero militar lo traslado hacia Moscú y hacia la fama.
Gagarin no volvió al espacio luego de esta misión. Era un héroe nacional y temieron arriesgarlo en nuevas misiones de dudosos resultados.
Sin embargo, el destino quiso que perdiera la vida en un accidente de aviación el 27 de marzo de 1968 a bordo de un MIG 15.
Debieron pasar muchos años para que se supiera la verdad sobre el accidente: un jet supersónico Su-15 que volaba a una altura inferior a la establecida, fue el causante de esa muerte.
Reconocer que un héroe como Gagarin hubiese muerto producto de un error humano de otro militar, era algo que no cabía en la mentalidad de aquellos años de guerra fría, por eso se habló de un objeto civil como causante. Incluso, muchos años después, la difusión de esta verdad se permitió, pero exigiendo la reserva del nombre del piloto causante del fatal accidente.
LA CONTRA
Repuestos del mal momento por haber perdido la primicia, los EEUU apuraron la marcha y así la NASA puso en mayo a Alan Shepard en el espacio, aunque debió esperar hasta el 7 de febrero de 1962 para que John Glenn diera la vuelta a la Tierra.
De ahí en más, durante años la carrera espacial fue superando obstáculos y avanzando en sus fines hasta lograr el tan ansiado alunizaje donde los yanquis se cobraron la derrota de aquel 12 de abril.
Hoy en día, cuando el hombre ya se prepara para intentar el arribo humano a Marte, igualmente cada noche en cualquier lugar del planeta, seres humanos levantan su vista al cielo queriendo desentrañar los incontables misterios que el cosmos aún guarda o simplemente disfrutar de un espectáculo incansable.-


