Sobre el protagonismo y las instituciones

Escribe: Eduardo A. Volonté

Es algo aceptado por todos, y confirmado por la propia realidad, la decisiva vinculación que la vigencia de un sistema democrático posee con respecto a la participación de los ciudadanos en la vida pública y su preocupación sobre la marcha de los asuntos que a todos atañen en su calidad de integrantes de una comunidad organizada.

Y esto no es casualidad. Ya que democracia es necesariamente si­nónimo de participación y protagonismo; sin ello no es posible con­cebir una democracia verdadera.

En forma simplista y esquemática —asumiendo los riesgos que ello implica— puede decirse que ese protagonismo encuentra dos grandes canales para su cauce.

Por un lado, el protagonismo de tipo individual, en cuanto si bien se asume un compromiso con la realidad, manteniéndose informado, opinando incluso sobre uno u otro tema; se lo hace desde una postu­ra en cierta medida pasiva y esporádica, no ligada al conjunto, caren­te en muchos casos de responsabilidades concretas.

Por el otro, el protagonismo que podríamos denominar social; real­mente valioso y al cual queremos en estas líneas reivindicar.  El que se asume en forma conjunta, aunando voluntades a través de institucio­nes y organismos que dan a esa participación carácter institucional, orgánico, permanente, que tiene como fin y destinatario a la comuni­dad en general.

Quizás el más conocido sea el realizado en los partidos políticos, aunque debe reconocerse que se encuentra bastante venido a menos en los tiempos presentes.

Pero existen también otras formas en que los vecinos encauzan su interés comunitario, sus deseos de contribuir al bienestar general.

Y lo hacen participando en asociaciones cooperadoras, instituciones de bien público, colectividades, clubes, juntas vecinales, sindica­tos, y cualquier otro tipo de ONG.

Quizás no siempre se valora en su correcta dimensión todo ese enorme potencial humano que en forma casi anónima, conforma el basamento de tantas instituciones que son legítimo orgullo de nues­tra ciudad.

Son los integrantes de esas instituciones, vecinos preocupados por hacer un Ayacucho mejor; contribuyendo para ello cada uno con su esfuerzo, en el ámbito elegido, sea la cooperadora, el club, el barrio, u otra institución.

Son los que desinteresadamente aportan horas de su tiempo, esfuerzos materiales; los que luchan y trabajan sin pedir nada a cambio.

Son en definitiva esos vecinos que integrando las diferentes comi­siones que animan a las instituciones locales, quienes dan al resto de la comunidad y a sus autoridades, un ejemplo y sin tal vez suponerlo, aportan con su protagonismo a consolidar la democracia como estilo de vida.-