Escribe: Eduardo A. Volonté
En una decisión histórica la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una Resolución que reconoció la esclavitud transatlántica de africanos como «la injusticia más inhumana y duradera contra la humanidad» debido a «su magnitud, duración, carácter sistémico, brutalidad y consecuencias duraderas que siguen estructurando la vida de todas las personas a través de regímenes racializados de trabajo, propiedad y capital».
La iniciativa, que también declara como crimen de lesa humanidad la trata de africanos esclavizados y la esclavitud racializada de africanos, fue presentada por Ghana y una coalición de 60 países africanos, caribeños y latinoamericanos, reconoce que este sistema de explotación, que se prolongó durante más de cuatro siglos, constituye una violación del derecho internacional que no prescribe y que sus consecuencias siguen afectando a millones de personas en todo el mundo.
El texto aprobado califica a este sistema como «el primer régimen mundial que codificó a los seres humanos y a sus descendientes como propiedad hereditaria, enajenable y perpetua», que convirtió «la reproducción humana en un mecanismo de acumulación de capital» e institucionalizó «la jerarquía racial como principio rector del orden político y económico internacional».
En otros de su párrafos la Resolución exhorta a los estados miembros “a entablar un diálogo inclusivo y de buena fe en materia de justicia reparadora, que incluya una disculpa plena y formal, medidas de restitución, indemnización, rehabilitación, satisfacción, garantías de no repetición y modificaciones de leyes, programas y servicios para combatir el racismo y la discriminación sistémica”.
También solicita “la restitución inmediata, sin trabas y sin costo alguno de los bienes culturales, objetos de arte, monumentos, piezas de museo, artefactos, manuscritos y documentos, así como de los archivos nacionales que tengan valor espiritual, histórico y cultural o de otro tipo para los países de origen, e insta a que se refuerce la cooperación internacional en materia de reparación por los daños causados, reconociendo que ello contribuye a la promoción de la cultura nacional y al disfrute de los derechos culturales por parte de las generaciones presentes y futuras”.
La Resolución contó con 123 votos a favor y 52 abstenciones de prácticamente casi todas las naciones occidentales (y esclavistas en su momento).
Solo votaron en contra tres países: Estados Unidos, Israel, y …Argentina.
Podrá decirse que la declaración aprobada tiene más de simbólico que de efectos prácticos, o que resulta de suma complejidad implementar las reparaciones contempladas, más allá de la devolución de algunas piezas de museo.
Otros podrán decir que el mundo atraviesa problemas mucho más serios como para ocuparse del pasado.
Que estamos coqueteando peligrosamente con un conflicto a escala mundial.
Que el hambre, la migraciones forzadas o el calentamiento global son cuestiones más apremiantes.
Pero nadie puede negar el fuerte contenido moral que impulsa esta Resolución.
Sobre el vergonzante voto de nuestro país, en realidad no debería sorprendernos esta nueva actitud de alineamiento servil de nuestro Presidente a los humores de Trump y de Israel en los distintos foros multilaterales.
Tampoco puede asombrar que niegue la esclavitud si es capaz de negar las atrocidades cometidas por la última dictadura cívico militar en nuestro país.-

