Escribe: Eduardo A. Volonté
Una elemental definición filosófica sobre el término Ubicuidad, la describe como la propiedad, atribuida a algunos seres espirituales y/o divinos, de poder estar en varios lugares (o en todos) al mismo tiempo.
Bajando al plano terrenal, y tomando la común definición ubicuidad como la cualidad de estar presente en varias partes al mismo tiempo, podría emplearse este concepto para lo ocurrido con el navío SS Warrimoo.
Antes de relatar los hechos que justifican lo antes dicho, presentemos primero al barco en cuestión: había sido construido por encargo del armador inglés James Huddart, en los astilleros Swan Hunter de Wallsend (Inglaterra) y botado en 1892.
Según se ha consignado, medía 105 metros de eslora por 12,9 de manga y 7,7 de calado, estando dotado de un motor de una sola hélice que proporcionaba una potencia de 3.505 KW y le permitía alcanzar una velocidad de 14,5 nudos, pesando un total de 3.326 toneladas brutas.
Su destino original era el tráfico marítimo comercial entre Australia y Nueva Zelanda, pero luego fueron redirigidos a la transoceánica que unía Canadá con Australia, bajo la operación de la empresa Canadian Australian Royal Mail SS Co.
Bajo el mando de esta compañía se encontraba en 1899 cuando zarpó (Canadá) con destino a Brisbane (Australia).
El 31 de diciembre de ese año lo encontró navegando en aguas del océano Pacífico y en las cercanías de la Línea Internacional de Cambio de Fecha.
Este convencionalismo establecido en 1879 coincidente con el meridiano 180º, divide a la tierra en dos hemisferios iguales desde un punto de vista temporal, que hace que a cada lado de esa línea imaginaria sean dos días diferentes.
El capitán del SS Warrimoo, conocedor de esto y dada la cercanía del cruce de la línea de cambio de fecha con la línea del Ecuador, decidió realizar una jugarreta que lo haría ingresar a cualquier manual de curiosidades navales.
EN TODOS LADOS A LA VEZ
Así fue como maniobró de manera tal que alas 24.00 hs del 31 de diciembre de 1899 el barco estuviese ubicado a ambos lados de la línea imaginaria, con su proa en el verano del hemisferio sur el 1 de enero de 1900, mientras que su popa permanecía en el invierno del 31 de diciembre de 1899.
Así puede decirse que el SS Warrimoo estuvo al mismo tiempo:
En dos días distintos ( 31 de diciembre y 1 de enero)
En dos meses distintos (diciembre y enero)
En dos años distintos (1899 y 1900)
En dos siglos distintos (XIX y XX)
En dos estaciones distintas (verano e invierno)
Quiso la casualidad que a bordo del SS Warrimoo estuviese el escritor norteamericano Mark Twain quien viajaba a Australia con su familia. Tiempo después en su libro “Viaje alrededor del mundo, siguiendo el Ecuador”, explicó que se habían ubicado en extremos opuestos del barco y que entonces “La familia tenía la misma edad que cuando les dejé cinco minutos antes pero yo era un día más viejo”.
Las crónicas no consignan cuales fueron las ubicaciones del resto del pasaje y de cada tripulante en ese momento. Si prefirieron optar por pararse en el verano o elegir el invierno, si cambiar de año o permanecer en el anterior. En definitiva solo se trataba de dar unos pocos pasos en uno u otro sentido para poder concretar esa curiosidad que luego podrían contar con orgullo ante sus asombrados nietos.
El barco protagonista de esta curiosidad terminó sus días años después, como muchos otros en el fondo del mar.
Luego de varios cambios de propietarios, siendo propiedad de un empresario chino, el 17 de mayo de 1918 durante la primera guerra mundial mientras transportaba tropas de Túnez a Marsella chocó con el destructor francés Catapulte.
Por el impacto las cargas de profundidad que transportaba el navío francés se desprendieron y su detonación afectó a ambos barcos de manera tal que terminaran los dos yéndose a pique.
Así concluía la vida del SS Warrimoo que tuvo por unos minutos el don de la ubicuidad.-

