Escribe: Eduardo A. Volonté
El comienzo del 2026 trajo un hecho que ya se venía anunciando: la invasión armada por parte de los Estados Unidos a la República Bolivariana de Venezuela, el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y el anuncio de la decisión de administrar el país.
No se falta a la verdad si se dice que lamentablemente Venezuela atravesaba con Maduro un proceso autoritario, con un gobierno fraudulento y corrupto, con instituciones vaciadas de contenido y burla a la real voluntad popular. Con presos políticos y censura. Con miles de venezolanos marchando al exilio por sus ideas o en búsqueda de una elemental subsistencia.
Dicho esto, debe decirse con toda claridad que nada de todo eso justifica una intervención armada de una potencia extranjera.
Esta actitud del gobierno de Donald Trump no puede merecer otra cosa que un categórico rechazo y el repudio de toda la comunidad internacional.
La decisión de Trump, que ni siquiera se ajusta a las leyes de su país, constituye una violación a la soberanía de los estados y al derecho internacional a la vez que constituye un riesgo para todo el continente.
Una opinión válida
Vale la pena reproducir algunos párrafos del Comité Editorial del New York Times bajo el título “El ataque de Trump a Venezuela es ilegal e imprudente”
(…) “La justificación nominal del aventurerismo militar del gobierno es destruir a los “narcoterroristas”. A lo largo de la historia, los gobiernos han calificado de terroristas a los dirigentes de naciones rivales, tratando de justificar las incursiones militares como operaciones policiales. La afirmación es especialmente ridícula en este caso, dado que Venezuela no es un productor significativo de fentanilo ni de las otras drogas que han dominado la reciente epidemia de sobredosis en Estados Unidos, y la cocaína que sí produce fluye principalmente a Europa. Mientras Trump ha estado atacando a las embarcaciones venezolanas, también indultó a Juan Orlando Hernández, quien dirigió una extensa operación de narcotráfico cuando fue presidente de Honduras de 2014 a 2022.”
(…) “Al proceder sin ningún atisbo de legitimidad internacional, autoridad legal válida o respaldo nacional, Trump se arriesga a dar una justificación a los autoritarios de China, Rusia y otros países que quieren dominar a sus propios vecinos.”
(…) “Trump aún no ha ofrecido una explicación coherente de sus acciones en Venezuela. Está empujando a nuestro país hacia una crisis internacional sin razones válidas. Si Trump quiere argumentar lo contrario, la Constitución establece lo que debe hacer: acudir al Congreso. Sin la aprobación del Congreso, sus acciones violan la ley de Estados Unidos.”
(…) “Tememos que el resultado del aventurerismo de Trump se traduzca en un mayor sufrimiento para los venezolanos, un aumento de la inestabilidad regional y un daño duradero para los intereses de Estados Unidos en todo el mundo. Sabemos que el belicismo de Trump viola la ley.”
La extensión de la cita esta plenamente justificada por el origen de la misma: el diario más influyente de los EEUU y al que nadie podría sospechar de chavista, narcoterrorista u otro descalificativo.
Repudio y democracia
La actitud de Trump de actuar al margen del derecho internacional en la búsqueda de consolidar sus intereses económicos y quedarse con el petróleo venezolano, haciendo uso de la fuerza y desconociendo las más elementales normas que hacen a la convivencia pacífica y autodeterminación de los pueblos debe merecer el rotundo rechazo de todos países democráticos.
El paso del tiempo quizás deje al descubierto los entretelones de esta decisión de los EEUU y el grado de responsabilidad que pudiese caberle al chavismo en la misma por acción u omisión.
En lo que hace a la crisis política venezolana, su solución no pasa por la intervención armada de terceros países ni por el tutelaje de ninguna potencia imperial.
Deberán ser los propios venezolanos los artífices de una construcción democrática, pacífica, en el marco del respeto a las instituciones, con elecciones libres y sin proscripciones.
En ese camino los países de la región y el resto de las democracias podrán hacer su aporte en el marco del respeto a la autodeterminación de los pueblos, la no intervención y la vigencia de los principios del derecho internacional.
Lamentablemente, una vez más, el Presidente Milei ha dado testimonio de su nula vocación democrática y de su vergonzante sumisión a los dictados del presidente Trump, dejando de lado las mejores tradiciones del país a lo largo de su historia en materia de política exterior.-

