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Francisco Tieftrunk, el guardavidas que hace 43 años vigila las playas de Necochea

Cada 17 de febrero se celebra en Necochea el Día del Guardavidas. Esta es la historia del “Loco” Tieftrunk (67), todo un personaje de la costa. Fue arquero profesional, viajero, actor y modelo amateur, y desde 1983, un experimentado cuidador de turistas.

De raíces alemanas (por parte de Raúl, su padre) y yugoslavas (por mamá Isabel), Francisco cuenta que cuando sus antepasados vinieron de Europa se radicaron un tiempo en Balcarce para luego establecerse definitivamente en Necochea.
A los 11 años Fran dio la primera señal de que era un alma aventurera cuando, con un amigo se fueron a dedo hasta Monte Hermoso, casi trescientos kilómetros por la Ruta 228. Después hubo muchas más, claro está, pero Francisco también ayudaba a su papá en la carpintería y como estudiante fue muy bueno, no se llevó ninguna materia en la secundaria, incluso fue abanderado. Además era gran deportista tanto en natación como en fútbol.

A conquistar Buenos Aires y más allá

Con un bolsito al hombro, tomó el tren hasta Constitución para probar suerte en la gran ciudad. Se alojó en una pensión y fascinado por la figura de Dante Panzeri, primero quiso estudiar Locución en el ISER pero no pudo aprobar el exigente examen de ingreso. La opción fue seguir Periodismo y cursó en el prestigioso Instituto Grafotécnico.

Paralelamente se fue a probar en la tercera de Racing -¡a pesar de ser de Independiente!-, no como arquero -su histórico puesto- sino como centrodelantero. Aunque estuvo un mes a prueba en la pensión de TIta Mattiuzzi para juveniles del interior, también probó suerte en otros rubros, facha y confianza nunca le faltó: hizo un bolo en la telenovela “Nunca sin amor”, protagonizada por Antonio Grimau y Ana María Picchio en 1978 por Canal 11. Y también se animó a desfilar un par de veces como modelo de Ante Garmaz.

Ese año, durante el festejo de un triunfo argentino en el Mundial, conoció a quien sería su gran amigo y compañero de aventuras, Claudio Roitman. Además de convertirse con los años en el padrino de su hija, con Claudio recorrió Sudamérica, del Pacífico al Atlántico, de Venezuela a Bolivia, de Machu Picchu al Mato Grosso.

El regreso a Necochea

Con su largo pelo rubio, un bolso más grande y muchas anécdotas para contar, Francisco volvió a sus pagos e ingresó a la Municipalidad en el área de Inspección de Espectáculos Públicos, es decir, a vivir más de noche que de día.

Hasta que se decidió a hacer el curso de guardavidas en 1982, cambió de área en el Municipio, y pasó de acostarse a las 7 de la mañana a levantarse a las 7 de la mañana. “Me había mirado al espejo y me dije: ¿qué querés hacer de tu vida? Y abracé al deporte, como guardavidas y como futbolista”, cuenta Tieftrunk hoy a DIB.

Bajo los tres palos y en la playa

Como arquero debutó en Isabel La Católica, luego pasó por Villa del Parque, Palermo y Rivadavia, todos clubes de Necochea, también por Sudamérica de Miramar y Grupo Universitario de Tandil. Volvió a Villa del Parque en 1995 y fue campeón del ascenso. Profesionalmente jugó hasta sus 40 años, defendiendo la camiseta de Estación Quequén. Siempre con el pelo larguísimo (¿hace falta decir que su ídolo es el Loco Gatti?).

Su primera experiencia como guardavidas -a los 24 años- fue el balneario Gaviotas -hoy Tarsis- para luego pasar a las playas de Quequén, donde estuvo nada menos que 32 años, muchos de ellos junto a José María Herrero, “el padre de todos los guardavidas de Necochea”, recuerda emocionado Tieftrunk.

¿La hora de jubilarse?

Que sea guardavidas desde hace 43 años no significa que cuando termina la temporada se queda en casa tranquilo. Tieftrunk sigue viajando con amigos o en familia -en especial a Brasil-, recorre el país montado en una moto Benelli 502; o excursiones más cercanas en bicicleta; o cuando el tiempo se lo permitía, acompañaba a Johnny De Benedictis, el piloto de Turismo Carretera de Necochea, vestido con una túnica; de ahí salió el apodo Jesucristo.

En 2015, cuando estaba por cumplir 57, Francisco tomó la decisión de jubilarse, algo que once años después admite fue apresurada. “Pasados los 50 era hora de sentar cabeza. Ya había encontrado a una gran compañera como Carla, con la que tuvimos dos hermosos hijos como lo son Delfina (15) y Aron (13)».

Sin embargo, el mar volvió a pesar, lo extrañaba. «Un balneario me contrató como guardavidas privado y diez años después todavía estoy acá, en Zeus…”, relata Francisco.

Viejo es el viento y sigue soplando

Todos los años aprueba la reválida para seguir cuidando de los turistas. A los 67 físicamente El Loco está impecable. ¿Cómo es su rutina diaria?

“Me levanto a las siete, tomo mate, mucho mate, a las 8,15 me subo a la bici para ir a la playa, y media hora después ya estoy atento en Zeus. Hasta las 15, que es mi turno, no como nada ni charlo con nadie, ni siquiera con mi familia. Con mi compañero vamos a nadar, si el tiempo y la cantidad de turistas lo permite. Recién almuerzo a las tres de la tarde, liviano porque gracias a Carla, que es nutricionista, sumé más frutas y vegetales a mi dieta. Al atardecer vuelvo en bici, hago la cena y a medianoche ya estoy durmiendo».

Francisco aclaró que no es un talibán de la dieta: «Me como un salamito, un asado, un par de porciones de pizza o una lata de cerveza. Esto último sólo cuando cocino porque en las comidas tomo agua. Y si a la tarde estoy solo, voy al velódromo con la bici o salgo a correr por la playa”.

-Francisco, con 43 años de guardavidas sos el más experimentado de la costa, ¿no?

-No sé si el más experimentado. Sí el más viejo. jajajaja. Y voy a seguir hasta que sienta que ya no puedo salvar a una persona en peligro en el mar.

-¿Cuáles son los macanas que nos mandamos las turistas en la playa?

-Dejame pensar… La primera y más grande es querer tener el color de piel de guardavidas en el primer día de vacaciones. Después deben dormir parados… No hay que comprar la sombrilla con varillas finitas, son las más baratas pero se vuelan con el primer viento. Y sobre todo en Necochea. Hay que respetar al mar. Si la superficie está planchada casi sin olas, es porque hay profundidad. Siempre hay que bañarse donde la ola rompe y viene parejita hasta la orilla. Y a los padres les pido que cuando sus nenes entran al agua nunca dejen de mirarlos. Después vienen desesperados a decirnos: “¡Se perdió mi nene!” Y yo les respondo: “No se perdió, lo perdiste…”

-Por último, Francisco, ¿es cierto que los guardavidas son los más “ganadores” en la playa?

-No sé, desde que conocí a Carla, hace 16 años, estoy retirado… Preguntale a mis colegas más jóvenes… Es decir, ¡a todos! jajajajjaja.

Fuente Agencia DIB