El household voting o la zoncera sin sexo

Escribe: Eduardo A. Volonté

Solía repetir  en sus Aguafuertes Porteñas, aquel agudo e irónico observador de las costumbres argentinas que fue Roberto Arlt, que “la zoncera no tiene sexo”.

Quería significar con ello que ninguno de los sexos se encuentra libre en sus actos, de caer bajo la órbita de calificación de ese término popular.

En esta ocasión el mérito se lo llevan las damas encabezadas Erika Kirlk  durante el transcurso de la Women’s Leadership Summit 2026, organizada en junio por la  Turning Point USA, en la ciudad de San Antonio, Texas.

Una brevísima biografía de Erika Lane Frantzve de Kirlk, señala que  luego de obtener en 2012 el título de Miss Arizona, se convirtió en una empresaria y líder espiritual en plataformas digitales.  En el 2021 se casó con  Charlie Kirlk, el activista conservador y fundador de Turning Point USA.

Tras el asesinato de su esposo en septiembre pasado en la Universidad de Utah, Erika se convirtió en la líder del Turning Point USA, organización dedicada a la difusión de los principios conservadores en las universidades.

La propuesta impulsada consiste en el household voting (voto familiar), es decir que cada familia emita un solo voto a cargo del esposo.  Eliminando así el sufragio individual y el voto femenino.

Si hay un dicho que dice que cada casa es un mundo, esta propuesta lo transforma en que cada casa es un voto.

Esta alocada idea se vincula con el movimiento denominado tradwife (abreviatura de traditional wife, “esposa tradicional”) que podría definirse como una tendencia cultural promovida por mujeres que impulsan  un estilo de vida inspirado en los roles tradicionales de género.

Es decir, la mujer se dedica a la casa, la crianza de los hijos y el cuidado de la familia. El resto es cosa de hombres.

Casi no es necesario decir que este movimiento acusa al feminismo de casi todos los males que aquejan a la sociedad moderna.

La propuesta de este encuentro de mujeres ultraconservadoras e identificadas con el Partido Republicano y Donald Trump, más allá de los fundamentos religiosos y conceptuales que la impulsan,  no pierde de vista tampoco que la participación electoral femenina en los EEUU  suele volcarse mayoritariamente hacia posiciones más progresistas, que no son precisamente las que levanta Trump.

Para tranquilidad del resto de las mujeres estadounidenses, la Enmienda 19º a la  Constitución de aquel país, aprobada por el Congreso el 4 de junio de 1919 y ratificada el 18 de agosto de 1920  establece de manera expresa que el derecho al voto no puede ser negado ni restringido por razones de sexo, tanto por parte del gobierno federal como de cualquiera de los estados.

Como en cualquier otro lado del mundo, el logro de este paso hacia la igualdad civil y política de las mujeres no fue fácil.  Fueron décadas de lucha, de esclarecer y marchar en procura de su derecho al voto que al final se vieron plasmadas en la Enmienda 19º.

Esta traba constitucional a modificar simplemente la legislación de algún estado, condena casi al fracaso a estos delirios.

¿Y por nuestras tierras? Muchos podrán decir que no hay motivos para preocuparse. Que solo se trata de una excentricidad de un grupo  retrógrado y anacrónico que nunca prosperará en Argentina, que posee una larga y honrosa lucha de las mujeres por la conquista de sus derechos.

Pero teniendo como tenemos un Presidente que en su servilismo al Presidente Trump  copia todo lo que en aquel país ocurre,  no debería extrañarnos que el cualquier momento se la ocurra impulsar aquí este voto hogar.

Claro que tendrá que hacerlo antes de que sus políticas socio económicas destruyan los hogares que aún quedan.-