El fiscal de la República

Escribe: Eduardo A. Volonté.-

Transcurrían apenas cinco días del sofocante y caluroso enero de 1939, cuando en la soledad de su departamento, con un certero disparo en su noble corazón, ponía fin a su vida Lisandro de la Torre.

Pero aquel disparo que lograra terminar con la vida de uno de los más grandes hombres de nuestra historia contemporánea, no lograría igual cometido con su prédica, su ejemplo y su recuerdo.

Por el contrario, aquel 5 de enero que marca su desaparición física, marca también su ingreso para siempre en la memoria colectiva de ese pueblo al cual ofreciera lo mejor de sí, y por el cual combatiera sin descanso contra los intereses del antipueblo en todas aquellas manifestaciones que el mismo asumiera.

Siendo un joven abogado –el más joven de su promoción- él también fue uno de los tantos que se sintiera sacudido por aquel vibrante artículo de Barroetaveña que quizás marcada el inicio de las tumultuosas jornadas del 90.

Frecuentador del viejo estudio de Alem, aquellos intensos días lo encuentran identificado de pleno con los ideales de redención cívica que culminaran con las jornadas revolucionarias de julio.

Los avatares posteriores de la vida política lo harán alejarse para siempre del radicalismo en franca discrepancia con Hipólito Yrigoyen, con quien se bate a duelo, hecho del cual habrá de quedarle como permanente recuerdo una cicatriz en su mejilla.

Otros rumbos

Pero su abandono de la UCR no significó su retiro de la vida política; así es como en 1908 funda la Liga del Sur, que sería el antecedente inmediato del Partido Demócrata Progresista que creara en 1915.

Es en su representación que llega al Parlamento Nacional en 1922, banca a la cual renuncia en 1925, dejando no obstante inscriptas en la historia parlamentaria nacional, páginas brillantes que hablan a las claras de su capacidad, formación y empeño en la tarea de legislar para el país.

Recluido a posteriori de su alejamiento del Congreso, en lo que sería su único y gran amor, su estancia “Pinas”, es en aquellas tierras cordobesas, dedicado a las tareas del campo, donde encontraba la paz que su espíritu reclamaba.

Pero aquellas jornadas no significaban de manera alguna el fin del fogoso polemista y luchador que fuera.  Así es como en 1931 durante los sombríos inicios del autoritarismo reaparece en la escena política para encabezar la fórmula de la alianza de su partido con el socialismo.

En el Senado

Miembro desde 1932 del Senado de la Nación en representación de Santa Fe, realiza desde allí una insobornable y continúa tarea de denuncia contra la corrupción y entrega que signara aquellos años, tan justamente calificados como “la década infame”.

La política de los grandes ganaderos con sus aliados de los frigoríficos extranjeros y todos aquellos temas en los cuales sintiera afectado el patrimonio y los derechos de la Nación, sirvieron para que levantara su solitaria e incorruptible voz en defensa de los nacional.

“Fiscal de la República”, fue el justo apodo con que se sintetizara su tarea.

Esa misma que lo llevara en jornadas inolvidables a desnudar paciente y demoledoramente la política sobre comercio de carnes que se venía llevando a cabo.

Tanta fue la verdad de sus palabras que el régimen por vía de Valdez Cora, un matón a su servicio, pretendió silenciarlo disparándole su arma en pleno recinto; una circunstancia fortuita hizo que el mortal proyectil le recibiera quien sería su compañero de bancada, Enzo Bordabehere.

Esta muerte, una comprometida situación económica personal, producto de su dedicación plena a la defensa del interés nacional y un dejo de amargura y frustración al ver como su voz parecía un clamor en el desierto, lo llevaron a renunciar a su banca a inicios de 1937.

El final de esta historia, lo constituye el inicio de este artículo.

Fue y seguirá siendo tarea de los estudiosos, el desmenuzar en profundidad su vida, su obra, su tarea parlamentaria, sus escritos y polémicas, su actuación pública con aciertos y errores.

Aquí simplemente, intentamos rescatar su recuerdo que significa a la vez un compromiso y ejemplo a seguir.-