Carlos Sferra cantó nuevamente en Santiago de las Misiones del Paraguay

Escribe: Abel G. Bruno.

Al país hermano del Paraguay, generalmente se lo identifica por su gente humilde y sencilla. Es un pueblo laborioso, que según opinión de quien escribe todavía sufre las consecuencias del genocidio que sufrió durante la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) conformada por Argentina, Uruguay y Brasil. Fue precisamente a manos de los brasileños que el Paraguay, vencido su ejército comandado por el Mariscal Francisco Solano López, sufrió la más grande de las atrocidades sociales, políticas y económicas.
También se lo conoce por haber sido la tierra propicia para que los jesuitas fundaran alrededor de treinta reducciones, tomando como base las numerosas tribus guaraníes que habitaban el Guairá.
Una de ellas, quizás la más antigua, denominada originalmente como San Ignacio de Caaguazú y destruida por los cangaceiros brasileños, fue refundada a orillas del río Apo en el año 1669, como Santiago de las Misiones. A este pueblo se lo reconoce como el asentamiento más antiguo perteneciente a la extraordinaria campaña evangelizadora de los jesuitas, ubicado entre las ciudades de Ayolas y San Patricio. Imposible pasar por alto la cultura musical paraguaya, representada por la guarania y el arpa como instrumento más representativo.
Hasta Santiago de las Misiones, viajó por tercera vez consecutiva nuestro cantautor, payador, animador de jineteadas y en suma, “Embajador Ayacuchense” Carlos Sferra. Fue contratado por el Club de Leones del Paraguay, para presentarse en la 41º edición de la Fiesta de la Tradición Misionera durante los días 30 y 31 de enero y 1º y 2 de Febrero. Ese extraordinario reducto de la cultura paraguaya, que normalmente cuenta con 8.000 habitantes, durante esos días festivos fue visitado por aproximadamente 40.000 personas provenientes del país y del extranjero. Entre las autoridades que saludaron al bardo ayacuchense, cabe destacar al Presidente de la República, Mario Abdo Benítez, quien presidió el festejo acompañado por varios funcionarios de su gabinete.
En la denominada «Fiesta Campestre»
Ya es tiempo de preguntarle a Carlos Sferra, en qué consistió su trabajo: “Afortunadamente, mi presencia es bastante conocida por esos pagos. Animé el desfile, que según mi criterio fue un despliegue extraordinario de carrozas y agrupaciones montadas y a pie; la jineteada, con muchos participantes argentinos y del estado de Río Grande Do Sul; aproveché para cantar mis temas y como es lógico suponer, improvisé en cada situación en que me tocó estar”.
Después de las lógicas variaciones sobre el tema, Carlos Sferra, contó que en esa fiesta también se llevan a cabo los “torines”, que son muy parecidos a una corrida de toros, pero sin dañar al animal. “En un pasaje del programa, canté acompañado por el Grupo Amanecer, una banda de música muy parecida a la que tenemos en Ayacucho. Fue una experiencia muy interesante como enriquecedora”. Por nuestra cuenta le hicimos saber que sería interesante sentirlo cantar con nuestra Banda Municipal de Música.
Lo seguimos escuchando: “Por ejemplo, en una de las noches compartí el escenario con Los de Imaguaré, el grupo Amboé y Los Ángeles de Charlie de Méjico. Con respecto a las costumbres, prevalece en todo momento el canto y el baile. Los paraguayos son muy amables y cordiales; la comida imperante es el asado a la estaca, muy parecido al criollo pero estaqueado con maderas. En suma, durante esos días nadie descansa. La fiesta es permanente debido a la enorme cantidad de gente que se va renovando. En uno de esos encuentros y al bajar del escenario, me saludó una ex-ayacuchense de apellido Eloiza”.
A modo de cierre, no podemos menos que citar los versos del escritor y poeta Carlos Guido y Spano: «Llora, llora Urutaú en las ramas del yatay, ya no existe el Paraguay donde nací como tú”. No obstante su aciago destino, el pueblo paraguayo sigue cantando y honrando a sus más caras tradiciones. Prueba de ello trajo consigo en su memoria Carlos Sferra, un viajero incansable cuyo destino de cantor y guitarrero es seguir cubriendo huellas que aunque repetidas, le aportan siempre distintas sensaciones. “Vida de artista”, que le dicen…

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