Cuando tomé conocimiento de la presentación y show de Franquito Colapinto con un auto de f1, el Louts V8 2012 de Alpine por calles y avenidas de Buenos Aires, no dudé un instante en saber que iba a concurrir a esa hermosa fiesta deportiva, histórica, con masiva presencia de público.
Es indudable que al ciudadano argentino cuando lo impulsa un sentimiento va a fondo.
Llegado temprano a la avenida Libertador con mis hijos y mi nieto Simón, me sorprendió la enorme masa de gente que se dirigía a disfrutar de un espectáculo inédito. Nunca me imaginé que alcanzaría tanto !!! Colas serpenteantes de entusiastas de toda edad. Chicos, grandes, mujeres, varones, alegres y dispuestos a brindar su apoyo y respaldo a una figura joven y particularmente carismática, que integra el selecto grupo de 20-22 pilotos de la máxima categoría del automovilismo terráqueo.
Y uno se pregunta una y mil veces, que encanto particular tiene este chico, que recién asoma y por ahora figura en los sitios de retaguardia de la F1, al ver cómodamente instalado en el sector del monumento a Los Españoles donde estuve, como fue aplaudido y ovacionado cuando se lo nombraba y máxime, al acelerar con total autoridad semejante máquina de competición. Bien es cierto que lo exigió hasta consumirle las gomas, patinando y haciendo trompos, al punto de destrozarle el embrague, para deleite de todos.
Entre las preguntas que me hice, atiné a pensar si Carlos Reuteman, un piloto excepcional, figura de la F1 por los 80 y pico, que no fue campeón porque le sabotearon la caja de cambios en Las Vegas, que ganó una decena de carreras con las mejores marcas, hubiese protagonizado un evento similar. No lo sé. El Lole era una persona a la que le costaba reir. Introvertida.
Este chico humilde, dueño de un carisma especial que sorprende al mundo, es la cara opuesta.
Su lucha en Europa junto a su padre en solitario. Una gran apuesta, épica, que ya entrega sus frutos y encanta a propios y extraños.
Y por lo propio…. me quedo con el sonido agudo del V8 grabado para siempre en mis oídos y porsupuesto con la gran muestra del público argentino tributando a su pequeño ídolo.
Un acto de puro sentimiento compartido, emocionante, que tuve el gusto de vivir junto a personas de todo el país, unidos por una pasión. Realmente inolvidable y esperanzador.
OMA


