Escribe: Eduardo A. Volonté
Se cumple el próximo martes 24, el 50º aniversario del golpe cívico-militar que sumergiera a la República Argentina en su noche más oscura y sangrienta.
Mucho se dirá en estos días sobre aquella jornada y sus consecuencias para el país.
A riesgo de ser reiterativos, repasemos brevemente lo que el Proceso significó y como fue el tiempo de la dictadura.
Pero antes, detengámonos en un sintético resumen sobre cuál era el contexto general en que las fuerzas armadas y sus aliados civiles se aprestaban a dar su golpe.
EL TIEMPO PREVIO
Con todo el riesgo que suponen las generalizaciones, puede decirse que el golpe fue recibido por la ciudadanía con una mezcla de indiferencia y apoyo.
Esto debido a distintos factores, entre ellos:
La falta de una auténtica cultura democrática, producto de la inestabilidad institucional vivida desde el golpe del 6 de septiembre de 1930, donde era común y cíclico que las Fuerzas Armadas ocuparan el poder.
De los 53 años transcurridos desde 1930 hasta 1983. Solo 19 transcurrieron en democracia, y algunos de ellos en democracias restringidas, condicionadas. Los otros 34 bajo gobiernos militares.
El vacío político existente a partir de la muerte del General Perón y la incapacidad de Isabel Martínez, su viuda, para conducir al país, rodeándose de un entorno encabezado por el influyente José López Rega.
López Rega fue siniestro personaje, que se decía astrólogo, practicaba cultos esotéricos, había sido cabo de la policía federal y custodio de Perón –después se autoascendió a comisario- y que al amparo de la mujer de Perón había ido ganando espacio en el entorno íntimo de Perón en España.
El clima de violencia que imperaba como consecuencia de:
- a) la lucha armada dentro del justicialismo entre la izquierda representada por la Juventud Peronista y sus diferentes ramas: universitaria, trabajadora, barrial, etc. y sus grupos armados [Montoneros, Far, Fap] y la derecha y la burocracia sindical [Comando de Organización, Concentración Nacional Universitaria, Triple A].
- b) El accionar armado del Ejército Revolucionario del Pueblo [ERP]
- c) El accionar armado de la Triple A [organización paramilitar de derecha creada por el ministro de Bienestar Social de la Nación, José López Rega]
- d) El accionar de grupos de tareas conformados por las FFAA para actuar al margen de la ley.
El descalabro económico, generado por el Ministro de Economía Celestino Rodrigo (junio a julio 1975), quien con su plan de ajuste, denominado popularmente el Rodrigazo, produjo una devaluación del peso entre un 100% y un 160%, incremento del 181% en el precio de la nafta y del 75% en los precios del transporte, entre otras medidas similares que tuvieron como efectos inmediatos una aceleración brusca de la inflación y una crisis política.
Con una inflación mayor a la de Alemania en el período 1921-1922, y al borde de la cesación de pagos internacionales, el gobierno constitucional había perdido el control de las variables claves del manejo económico.
El último ministro antes del golpe, Emilio Mondelli, no supo cambiar el rumbo y la realidad se manifestaba en una inflación desbocada, pérdida del valor adquisitivo de los salarios, desabastecimiento, especulación.
La prédica golpista de los factores de poder y algunos medios de comunicación, vinculados a los sectores oligárquicos.
Para muchos ciudadanos comunes, la irrupción de las Fuerzas Armadas venía a poner orden y reestablecer la tranquilidad.
LA REALIDAD
El paso del tiempo mostró como nada era así, sino que solo trajo más dolor, desaparecidos, tortura, más entrega del patrimonio nacional, más quiebre del aparato productivo, y todo lo que implicó el gobierno de la dictadura.
Esta dictadura cívico-militar, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, delegó el poder en la Junta Militar integrada por los jefes de las tres armas y designó presidente al general Jorge R. Videla.
Las primeras medidas de este gobierno fueron las ya clásicas de todo golpe militar: cierre del Congreso, prohibición de la actividad política, censura, desprecio por la Constitución. Y algo que superó todo antecedente: el terrorismo de estado.
A la par de una política económica de neto corte liberal conducida por el ministro José Martínez de Hoz, se produjo el quiebre de la industria nacional, una apertura indiscriminada a las importaciones, la pérdida de capacidad económica de los sectores populares.
Para poder mantenerla se incrementó el terrorismo de estado, generándose la triste categoría de los desaparecidos. Hombres y mujeres de todas las edades que eran apresados y llevados a lugares clandestinos de detención, donde luego de recibir atroces torturas eran echados al mar o sus cuerpos desaparecidos por otros medios. Todo ello sin mediar orden de captura o proceso legal alguno.
Nunca en la historia patria hubo un gobierno más sangriento y represor.
En materia de política exterior el gobierno militar recibió el aislamiento y repudio del resto de los países.
Videla fue sucedido en su cargo por el general Eduardo Viola, luego por Leopoldo F. Galtieri, quien en su afán de perdurar en el poder inició la toma de las Islas Malvinas.
El previsible fracaso militar de esa aventura, aceleró los tiempos del derrumbe de la dictadura militar, debiendo su sucesor, el general Reinaldo Bignone convocar a elecciones en 1983.
El 30 de octubre de 1983 triunfa el radicalismo con Raúl Alfonsín, iniciándose la etapa de la recuperación y consolidación democrática que actualmente transitamos.
Este 50 aniversario del inicio de aquellos trágicos días, debe servir para reafirmar el compromiso ciudadano para que NUNCA MAS, nos apartemos de la senda de la democracia y la vida.-

