Escribe Enrique Taborda.
Un sitio expositor de árboles exóticos como pocos en la región y la estatua manca del Gran Almirante en el medio, mirando al centro del pueblo. Una chapa volaba por un gran ventarrón le arrancó parte del brazo, hace tiempo.
la plaza fue testigo de muchos encuentros amorosos al reparo de los enormes arbustos donde muchas veces se escuchó a » la Llorona», provocando gritos y disparadas. Otras veces simples reproches de jovencitas ante la insistencia de masculinos creídos ser atractivos para el «sexo débil»…..cosas del amor.
La plaza Colón que también tenía rosas, se inundó del humo de una locomotora parada a propósito en la vía, que con el viento a favor envolvió al público en una acto político cuando los candidatos hablaban al aire libre. Corridas al margen, formaba parte de una tradición ya casi olvidada.
El monumento a Gato y Mancha con el intrépido Tschiffely, puesto no hace mucho, reemplaza al legendario palco de los políticos.
En el siglo pasado, la Banda de Música Municipal «tocaba» al pié del monumento a Colón, los jueves y los sábado en plaza San Martín.


