Escribe: Eduardo A. Volonté
La conmemoración hoy del Día de la Mujer, permite pasar revista una vez más a los avances por ellas obtenidos en su larga lucha por la igualdad plena.
También sirve la fecha para poner a la luz lo mucho que aún falta recorrer en ese sentido.
Para aportar al conocimiento de las dificultades que debieron superar aquellas pioneras que en todos los tiempos tuvieron cabal comprensión que el papel de la mujer excedía el simple rol maternal, reproduciremos párrafos del libro “Chusmocracia” publicado por Benjamín Villafañe.
Allí el autor desgrana sus opiniones sobre la mujer y su lugar en la sociedad. Más allá de lo arcaico de sus pensamientos, tal vez lo más significativo es que fueron escritas en 1937 y no en el siglo XIX o antes.
EL AUTOR
Antes de la cita, hagamos un breve repaso sobre la extensa vida pública de Benjamín Villafañe, nacido en San Román de la Nueva Orán, Salta, el 3 de febrero de 1877 y fallecido en Buenos Aires el 26 de diciembre de 1952.
Recibido de abogado en la UBA, comenzó una larga carrera política en Jujuy, siendo diputado provincial en tres oportunidades, presidente del Consejo General de Educación y gobernador durante 1924-27.
Identificado con el Partido Provincial, en 1912 se sumó al radicalismo, pero su acérrima oposición a Hipólito Yrigoyen lo llevó a integrarse al antipersonalismo para luego acordar con los conservadores de la Concentración Cívica con quienes llega al gobierno provincial.
De su rechazo al yrigoyenismo dan testimonio sus libros “Nuestros males y sus causas”, “Yrigoyen, el último dictador”, “Política económica suicida”, “Degenerados” y “Hora obscura”.
En 1920 fue elegido Diputado Nacional. Ferviente adherente a la revolución de 1930, integró el Directorio del Banco Hipotecario Nacional, fue Senador Nacional por Jujuy (1932-41). Y luego miembro del Directorio y Vicepresidente Segundo de YPF.
EL PEOR DE LOS REBELDES. LA MUJER MODERNA
Con este título, Villafañe expone en “Chusmocracia” su particular y retrógrada opinión sobre la mujer, que -repetimos- fue expuesta hace solo 89 años:
“Otra legión satánica, de ángeles rebeldes de estos momentos, es el de mujeres que se llaman modernas. Quieren ser iguales al hombre, tener sus mismos derechos y deberes y vivir su vida con el desenfreno de los varones libertinos. El ideal de la mujer moderna es el de la mujer emancipada. Emancipada de los vínculos de la naturaleza, de las ligaduras de la religión y de la moral, sin el freno del pudor, sin la cadena de la familia emancipada del hombre y del amor que es su vida. Emancipada finamente de su conciencia (…)”
“…No quieren comprender que su cuerpo y cerebro han sido modelados por Dios en forma distinta de la del hombre para llenar sus funciones diferentes en todo sentido”.
“…El Creador le ha impuesto la tiranía del amor, en todas sus formas, entre las que tiene mayor imperio el de madre y con ello la negación del amor libre. Le ha impuesto el deber de amar a un solo hombre, como requisito indispensable de la existencia del hogar, célula primaria de todo organismo social. El hombre, por su naturaleza física y moral, puede amar a una mujer, y en ciertas circunstancias accidentales distraerse momentáneamente con otras, sin que sufra desmedro el cariño de la esposa, ni sus virtudes privadas y ciudadanas”.
VILLAFAÑE EN ESTADO PURO
“(…) El cerebro de la mujer, dice la ciencia y la observación, es más pequeño que el del hombre. Es instrumento calculado para el sentimiento, no para las altas especulaciones de la ciencia, ni para la lucha por la vida, y los trajines duros de la conquista de la fortuna o del poder, qué de ser así, no le sería dado dedicarse a los deberes absorbentes que reclaman la maternidad y el hogar.”
“…Una mujer dedicada al estudio del sabio, a los complicados problemas de la ciencia, a las tareas del comercio y las industrias, es un ser descentrado, fuera de quicio, que en la mayor parte de los casos no pasa de la medianía, condenada fatalmente al fracaso y a sufrir en su salud, las consecuencias de una labor para la que no la ha preparado la naturaleza.”
“…Estoy lejos de sostener que no ha ilustrarse a la mujer. (…) Lo que quiero decir es que no ha de incurrirse en el error de darle la misma instrucción que al hombre. (…) Ni menos se ha de incurrir en la locura de darle participación en las luchas políticas, para contaminarlas con las peores lacras del corazón del hombre”.
“…La mujer es acaso insustituible para la educación de los niños, por su ternura y paciencia, pero no sirve para catedrática de asignaturas superiores (…), significan una fatalidad para ella y la sociedad, cuando pretende ser universitaria e invadir los campos de la ciencia y de la política. Fatalmente se convierten en rebeldes, en renegadas de su destino, en enemigas del hombre y del orden social.»
UNA DE ARENA
Es justo decir que años después, en su libro póstumo “Las mujeres de antaño en el norte argentino” publicado en 1953, modificó en parte aquellos pensamientos y sostuvo que «Los hombres, en la República Argentina, es menester tener el valor de reconocerlo, hemos fracasado lamentablemente en la vida pública y en el cumplimiento de los deberes que impone. No queda otra esperanza de salvación que la acción de la mujer heredera de las virtudes de la Conquista y de la Revolución”.
Para más adelante resumir: «Es ante el fracaso de los hombres que vuelvo angustiado la mirada a las mujeres que llevan la herencia del corazón de las que supieron vencer toda desdicha y fundar la patria argentina».
Villafañe reconoce que la mujer respecto al hombre es “superior en belleza física y moral; superior en la resistencia al dolor y al martirio; superior en el amor a la patria y a la libertad, como las heroínas recordadas, que hicieron lo que no fueron capaces de hacer los hombres. Superiores en todo sentido, sin duda, porque son el templo que guarda el secreto de la vida, es decir, llevan en su seno a Dios mismo».
No es que ser haya convertido en un feminista, pero algo es algo.-

